Desde Extreme espacio erotico | Por Mar Ortega 

Bienvenidas a nuestro club.

¿Quiénes de nosotras es capaz de decir que no la conoce? Esa parte tuya que quiere con todo el cuerpo y al segundo siguiente empuja con las dos manos. La que se muere por ser tocada pero cuando la tocan dice "así no". La que fantasea con soltar el control pero cuando lo suelta se agarra de la sábana como si se fuera a caer del mundo.

La Gata Flora no es un defecto. No es una fase. No es que "no sabés lo que querés". Es una de las formas más honestas, más humanas y más incomprendidas de habitar el deseo.

Y todas tenemos un poquito (o un montón) de ella adentro.

Retrato de la Gata Flora: las polaridades que nos habitan

Si justo en este momento se te hizo una laguna, acá va el mapa de sus contradicciones:

Somos esas personas a quienes nos gusta mucho el sexo y al mismo tiempo desconfiamos de quien quiera tenerlo con nosotras. Nos fascina lo social pero no soportamos que nos invadan el espacio. Nos encanta cocinar pero nos revienta que nos ensucien la cocina. Valoramos la amistad con ferocidad pero no toleramos que se metan en nuestras decisiones. Queremos intimidad pero necesitamos aire. Queremos entregarnos pero nos aterra perder el control.

Y cientos de polaridades más que conviven adentro nuestro sin pedir permiso, contradicéndose entre sí, haciendo que a veces ni nosotras mismas entendamos qué carajo queremos.

Pero acá viene la aclaración que importa: la Gata Flora no está insatisfecha. Eso es lo que el mundo confunde. La persona insatisfecha rechaza todo porque nada le alcanza. La Gata Flora quiere los dos extremos al mismo tiempo. Desea una cosa y, en el mismo respiro, desea lo contrario. No es que nada la llene. Es que la habitan dos fuerzas que tiran para lados opuestos.

Y eso, lejos de ser una patología, es complejidad pura.

¿Por qué somos así? (La ciencia detrás de la contradicción)

Lo que la cultura llama "Gata Flora" tiene una explicación que no es ni capricho ni locura. Tu sistema nervioso opera con dos fuerzas que funcionan al mismo tiempo: un acelerador que detecta lo que te atrae y te empuja hacia adelante, y un freno que detecta lo que te amenaza y te tira para atrás.

En la mayoría de las personas, estas dos fuerzas negocian en silencio y una le gana a la otra. Pero en la Gata Flora las dos están encendidas a la misma potencia. El acelerador dice "quiero esto con todo mi cuerpo" y el freno dice "pero si me entrego, pierdo el control". Las dos voces son reales, las dos son legítimas, y las dos gritan al mismo volumen. El resultado es una parálisis erótica disfrazada de contradicción: deseamos con la misma intensidad con la que rechazamos, y terminamos neutralizando nuestro propio deseo.

No es que no sepamos lo que queremos. Es que queremos todo y le tenemos miedo a lo que pasa cuando lo conseguimos.

Las raíces: de dónde viene el freno

Nadie nace Gata Flora. Se aprende. Y se aprende temprano.

Si creciste escuchando que la mujer que desea "demasiado" es sospechosa, tu cuerpo aprendió a encenderse y a frenarse en la misma milésima de segundo. Si te enseñaron que entregarte es peligroso, que confiar te hace vulnerable y que vulnerable es sinónimo de débil, tu sistema nervioso desarrolló un mecanismo brillante de supervivencia: desear con la mente pero cerrar el cuerpo antes de que el deseo te lleve a un lugar donde podrías salir lastimada.

El problema es que ese mecanismo, que a los 14 años te protegió, a los 35 te aprisiona. Ya no estás en peligro, pero tu cuerpo no se enteró. Sigue frenando cada vez que el acelerador se enciende. Sigue empujando cada vez que alguien se acerca demasiado. Sigue construyendo murallas cada vez que la intimidad amenaza con derribarlas.

Y desde afuera parece capricho. Parece que "nunca le viene bien nada". Parece que es difícil, complicada, imposible de satisfacer.

Pero desde adentro es otra cosa. Desde adentro es una mujer que se muere por soltar y no sabe cómo hacerlo sin sentir que se cae al vacío.

La Gata Flora en la cama

Donde más se nota la polaridad es en la intimidad. Porque la cama es el espacio donde más control hay que soltar, y soltar el control es exactamente lo que la Gata Flora no puede hacer.

Se manifiesta de mil formas: querés tener sexo pero cuando empieza te desconectás. Deseás que te toquen de una forma específica pero no podés pedirlo. Fantaseás con entregarte pero cuando tu pareja se acerca, encontrás una excusa para esquivar. Te excitás con la idea pero tu cuerpo se tensa cuando pasa de la idea a la piel.

Y el circuito se retroalimenta: cuanto más deseás y frenás, más frustración. Cuanta más frustración, más confirmás la creencia de que "algo anda mal conmigo". Cuanto más creés que algo anda mal, más se aprieta el freno.

Pero no anda mal nada. Lo que hay es un sistema nervioso que aprendió que sentir es peligroso y que todavía no recibió la señal de que ya es seguro.

Ser compleja no es estar rota

Acá es donde necesito que te quede grabado algo: la Gata Flora no necesita ser "curada". No es un trastorno. No es un problema a resolver. Es una forma de ser que tiene sentido dentro de tu historia.

Lo que sí se puede hacer es entender de dónde vienen los frenos, darle al cuerpo experiencias nuevas que le demuestren que soltar no es caer, y aprender a habitar la contradicción sin que te destruya. No elegir entre desear y frenar, sino poder hacer las dos cosas sin que una anule a la otra.

Porque la Gata Flora, cuando se entiende y se acepta en vez de juzgarse, no se apaga. Se transforma en algo mucho más poderoso: una mujer que conoce su complejidad, que la habita sin vergüenza y que puede decir "quiero esto y al mismo tiempo me da miedo, y las dos cosas son reales".

Eso no es ser difícil. Eso es ser honesta.

Y si nunca te lo dijeron, para eso estoy yo

No hay poronga que nos venga bien. Es cierto. Pero no porque seamos imposibles de satisfacer, sino porque nuestro deseo es tan complejo que no entra en un solo molde. Y el día que dejemos de intentar encajar en moldes ajenos y empecemos a construir los propios, la Gata Flora deja de ser un problema y se convierte en una potencia.

💬 ¿Te reconociste? ¿Cuál es tu polaridad más intensa? Te leo en los comentarios o en nuestras redes sin juicios, solo con la empatía de quien sabe exactamente de qué se trata.

Mar Ortega — Especializada en sexualidad integral, salud afectiva y vínculos contemporáneos. Facilitadora en procesos de autoconocimiento, comunicación asertiva y placer como derecho de salud. Directora de Extreme Espacio Erótico.

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